
Por: Staff de Pesca con Mosca.Com
El Megalops Atlanticus, mejor conocido como sábalo,
tarpon o Rey de Plata. Es un adversario que gusta
de proyectarse por los aires cada vez que siente
el frío acero del anzuelo clavado a su boca.
Esta capacidad para catapultarse incansablemente,
su dura, rijosa y áspera boca complican enormemente
la tarea del pescador para clavarle el anzuelo y
de mantener este unido a la boca del pez.
El sábalo entra y sale del agua constantemente,
se sacude por los aires en un intento desesperado
por librase del anzuelo, y generalmente lo logra.
Una de las razones por la que usualmente tiene éxito,
es cuando revienta una línea o cuando al
sacudirse tira el anzuelo. Ambas causas pueden tener
remedio -quizás no completamente, pues siempre
queda un margen para la mala fortuna. Pero mucho
es lo que puede hacerse, especialmente en el primer
caso.
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Un pescador
hace reverencia al Rey de Plata
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El “antídoto” contra las acrobacias
del sábalo es: la Reverencia al Rey de Plata. Esto
no es otra cosa que apuntar la caña de mosca hacía
este cuando sale del agua, a veces basta con dirigir la
punta de la caña hacía este o incluso tocar
el agua ligeramente con la punta de la misma, siempre apuntando
en la dirección en la que el sábalo salto.
La razón de esto, es la de reducir momentáneamente
la tensión en la línea. Esta técnica
de pesca es también aplicable a otras especies como
los peces de pico, el dorado y muchas otras más que
gustan de saltar, y resulta indispensable cuando utilizamos
class tippets ligeros. Reducir la tensión en la línea
es cuestión de unos segundos, una vez que el sábalo
vuelve al agua podemos volver a aplicar presión sobre
este. Pero debemos repetir la Reverencia al Rey de Plata,
tantas veces como este salga del agua, especialmente en
aquellas ocasiones en que surge desenfrenadamente agitándose
salvajemente por los aires.
Para comprender el funcionamiento de esta técnica,
hay que entender que cuando el pez esta en el agua es muy
difícil que nos corte o reviente la línea,
porque la misma densidad del agua le impide moverse rápidamente
para hacerlo, pero cuando esté sale del agua, incrementa
la velocidad de sus movimientos exponencialmente, lo que
hace que pueda reventar la línea en cualquier momento.
Si el pez jala o tira para un lado y nosotros lo hacemos
para el otro, el resultado inevitable será que la
línea cederá y el sábalo vencerá.
Es muy sencillo, Uds. pueden realizar un ejercicio para
visualizar esta idea. Pueden amarrar ambas manos con un
lazo de monofilamento de 12 lbs, en el que exista un pie
de separación entre ambas manos. Intenten reventar
esa línea con un movimiento constante y difícilmente
podrán hacerlo, pero, ¿qué sucede si
en un movimiento rápido y de golpe juntamos las palmas
de las manos y las despegamos rápidamente?.....¡Bang!
la línea se revienta, y no se necesita mucha fuerza
para hacerlo, el resultado es la velocidad aplicada a dos
fuerzas opuestas.
Cuando hacemos la Reverencia o la inclinación de
la caña, liberamos la tensión momentáneamente,
es decir renunciamos a responderle al sábalo con
la misma fuerza que él esta aplicando, y al ceder
una de las fuerzas, la línea no se corta. Podemos
volver a aplicar presión una vez que el sábalo
vuelve al agua. Recuerden que el sábalo se mueve
más velozmente fuera del agua que dentro de esta,
de ahí el peligro de reventar una línea.
Otra razón por la cual el sábalo se libera
de la mosca al saltar, es que cuando sale del agua y sacude
el cuerpo, nosotros usualmente estamos jalando el anzuelo
equivocadamente ejerciendo presión. Entonces lo que
ocurre es que el sábalo se sacude violentamente y
además nosotros estamos jalando el anzuelo fuera
de su boca al ejercer presión con la caña,
y esto puede ocasionar que el mismo salga disparado fuera
de la mandíbula de sábalo. Pero si aflojamos
la línea brevemente en una Reverencia al Rey de Plata,
entonces desarticulamos el segundo efecto. El sábalo
continua en los aires y sacudiéndose violentamente,
pero nosotros ya no estamos jalando el anzuelo en dirección
opuesta, y si esté se encuentra bien afianzado a
la boca del sábalo, seguramente permanecerá
ahí hasta el final de la pelea, cuando agraciadamente
habremos triunfado.
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