
Por: Daniel Beilinson
Desde hace tiempo imaginaba que
algún día iría a Salta para pescar
los espectaculares dorados del río Bermejo. Como
pasa con muchos proyectos, y a pesar del interés
que uno le pone a las cosas, ellas se dan de una manera
diferente. El proyecto del Bermejo no se dio y mi amigo
Baltasar Saravia, salteño y encargado de armarme
algún programa en la zona, me invitó a pasar
un par de días en el campo de un primo por el que
pasan 18 kilómetros del río Juramento, justo
aguas abajo del dique El Tunal.
El viernes 8 de noviembre del 2002 partí rumbo a
Salta en un vuelo muy temprano, fue un placentero viaje
de dos horas de duración. Cuando desembarqué
ya Balta estaba esperándome. Cargamos los elementos
necesarios en una 4 x 4 que conducía Juan (primo
de Balta) y partimos con otros dos compañeros de
viaje, Alejandro y Ezequiel, rumbo a la Finca San Rafael
a la cual llegamos al medio día. No voy a detallar
toda la atención recibida ni la calidad de mis anfitriones,
pero la resumo: excelente. Tanto por su cordialidad, simpatía
y muy buena disposición, como paciencia que me han
tenido pues era ¡El único pescador con mosca! |
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Daniel Beillinson y un Dorado
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Todos estaban pendientes de cómo me sentiría y
además como me iría pescando con mosca, ya que por
lo general al dorado en Salta se le pesca con ¡Carnada viva!
Ese mismo viernes, luego de almorzar me acerque al río
que queda a unos 150 metros de la casa. El río Juramento
tiene un buen caudal de agua que se mantiene más o menos
constante por la regulación de las compuertas del dique
El Tunal. Ese día el río estaba bastante claro,
con agua verde oliva, el fondo en sus márgenes se veía
de arena y piedra, de un lado hay barrancos de hasta 2 metros
de altura y en otras partes el río se ensancha dejando
buenas zonas para acceder fácilmente y vadearlo. El día
era muy caluroso y muy ventoso, más de lo normal. Me llamo
la atención que habían otros pescadores en la margen
opuesta del río pescando con carnada, y un grupo de tres
lugareños metidos en el agua hasta la cintura que tiraban
sus redes para pescar lo que sea. El río no es muy ancho,
en algunos lugares puede tener 30 ó 40 metros y en otros
15 metros, por lo tanto estos pescadores arrasaban lo que podían
mientras la profundidad se lo permitía. A pesar de la impotencia
y malestar que esa situación me causaba, busque un lugar
que parecía apropiado para comenzar a castear o lanzar.
Había una zona con varios troncos caídos, corriente
y algunos remolinos, y se formaba un codo donde el río
se angostaba. Los sábalos estaban muy activos y se los
veía por todas partes. Nota del Editor: no debemos confundir
con sábalos o tarpon de agua salada Megalops Atlanticus,
el autor se refiere a otra especie de agua dulce en Sudamérica.
El equipo de pesca que lleve era una caña Sage SP + de
tres tramos nº 8, reel Bonefish Billy Pate y unas moscas
atadas en anzuelo Owner 3/0, típicas para dorado, lastradas,
con cabeza muddler en colores negro, negro y naranja y negro con
amarillo todas con algo de flashabú. Durante la primera
hora no tuve ningún pique y me fui moviendo a nuevos lugares
siempre desde el barranco y casteando a la zona de los troncos.
Mientras traía la mosca medio sumergida vi el destello
de un pez que rápidamente salió de las profundidades
y atacó la mosca con suma decisión, clave y el dorado
comenzó a dar saltos y a colocarse en la corriente buscando
profundidad. Luego de unos minutos de pelea lo acerque a la costa,
como estaba en el barranco busque una manera de acercarme al agua
y poder tomar el leader para levantar el dorado. Tuve tanta mala
suerte que justo cuando tenía el leader en mi mano me resbale
y en el intento de no caer al agua hice un movimiento que resulto
en la rotura de mi caña. Por suerte (a pesar de la mala
suerte) siempre llevo una segunda caña que en este caso
resulto ser una Sage RPLXi. Una vez que le saque el anzuelo al
dorado, que resulto tener algo más de 3.5 kilos, volví
a la casa para cambiar de caña. Cuando volví al
río, otros pescadores estaban tirando sus redes. Busque
nuevos lugares para castear y al cabo de una media hora otro dorado
muy lindo me tomó con fuerza y decisión la mosca,
dio un par de saltos y se soltó. Luego no tuve más
piques por el resto del día.
Por la noche asado, vino y charlas muy interesantes sobre la
zona, los cultivos, los vinos de altura y obviamente la pesca.
A la mañana siguiente partí nuevamente a pescar
a las 6:30 AM, cuando llegue al río dos pescadores ya se
me habían adelantado, pero por suerte no tenían
redes. Yo insistí con mi objetivo de pescar algún
gran dorado en el Juramento. No tuve suerte, solo un buen pique
que no logro engancharse y nada más. De todas maneras ese
día lo habíamos destinado para ir a otra finca cerca
de la Reserva Nacional El Rey. En esa otra finca cruza un río
que se llama "El Dorado", que tiene un difícil
acceso y en donde según me dijeron se pesca dorados muy
bien. Después de hacer un largo viaje, parando en J.V.
González para hacer unos tramites y comprar unos sándwich,
pasamos por la localidad de Las Lajitas y llegamos a la finca
que tiene 23,000 Has. Abrimos y cerramos como una docena de tranqueras,
al fin llegamos cerca del mediodía al río. La finca
esta ubicada en una zona de sierra, con mucha vegetación,
hacía mucho calor, humedad y me comentaron que cuando llueve
es imposible pasar. Tuvimos que llegar hasta el río aguas
abajo de la zona que es más productiva para la pesca, porque
el camino para subir aguas arriba y pescar en los "cajones"
estaba destruido por anteriores cortes de agua de lluvia (en la
temporada de lluvias de diciembre a marzo llueven unos 1,200 mm).
Según me comentaron, en esa finca existen lugares inexplorados,
tucanes, monos, ruinas jesuíticas, antas (tapires), jaguares
y una inmensa variedad de pájaros, reptiles, mamíferos
e insectos y sobre todo ¡mosquitos! ¡muchos mosquitos!
Aguas arriba del río El Dorado es zona donde desova el
dorado. Cuando llegamos al río me impresionó su
color y paisaje, era como estar en algún río del
sur, aguas muy claras, bastante transparentes y verdosas, con
fondo de arena blanca y canto rodado, playas de arena, grandes
árboles que cubren varios trechos del río que tiene
un ancho de entre 6 y 10 metros, en algunos lugares el río
es muy profundo, en otros se ensancha y se puede pasar de un lado
al otro vadeando sin ningún problema. La impresión
que tenía era como estar en el Parque Nacional Los Alerces
"tropical". La temperatura del agua tibia (supongo que
24° ó 25º C) y se veían muchos sábalos
y bogas, muchos de ellos en grandes cardúmenes. En cuanto
llegamos a la margen del río, luego de armar mi caña,
comencé a hacer unos tiros muy cortos frente a donde estábamos
organizando nuestros bolsos y sándwich. En el tercer o
cuarto casteo un dorado emergió del fondo y tomo con decisión
la mosca.
Lo clave muy bien y comenzó a dar unos saltos espectaculares
(lastima que yo era el único que llevaba una cámara
fotográfica y la tenía en la mochila). Todo un espectáculo
que dejo a mis compañeros con la boca abierta, hasta que
logre acercarlo a la costa y sacarlo del agua.
Era un lindísimo dorado bien formado de unos 3.5 kilos.
A partir de allí y hasta las 4:00 PM tuve una gran cantidad
de piques y un par más de dorados pescados coronaron el
día. Los mosquitos hicieron estragos en todos nosotros
y a partir de las 4:00 PM los dorados, como llamados por alguien,
no tomaron más las moscas. Esa noche regresamos tarde a
la finca muy cansados, pero un chivito a la parrilla nos estaba
esperando, y yo tenía que hacer honor a mi promesa de que
lo asaría para todos. A las 12:00 de la noche cenamos el
chivito que salió espectacular, y bebimos un excelente
y delicioso vino de altura salteño de 15.6% que se llama
San Pedro de Yaco Chuya. Esa noche todos dormimos muy bien.
A la mañana siguiente, ultimo día de visita, salí
muy temprano al Juramento para probar suerte. El río estaba
muy turbio y no tuve ningún pique, cabe mencionar que el
sábado (el día que fuimos a El Dorado) unos franceses,
con autorización del dueño de la finca, estuvieron
pescando con mosca y sacaron 4 dorados, uno de ellos de 8 Kilos.
Por la mañana del domingo y para probar en otra zona del
Juramento fuimos con la 4 x 4 hasta el nacimiento, aguas abajo
del dique El Tunal, pero había tantos pescadores y estaba
tan poco cuidado el lugar que resolvimos volver a la finca. Allí
seguí probando en varios lugares del río, vadeando
y desde los barrancos pero los dorados no aparecieron.
Luego del almuerzo y una larga sobremesa donde no falto el buen
vino, regresamos a la ciudad de Salta para que pudiera tomar mi
vuelo de regreso a Buenos Aires.
Quedamos en organizar una expedición al río "El
Dorado" de varios días en el mes de abril próximo
y conocer los productivos cajones, y tal vez, organizar de ahí
en más programas de pesca de aventura fuera de la temporada
de lluvias.
Por otra parte mi preocupación, compartida con mis compañeros
de viaje sobre la falta de cuidado en el río Juramento,
fue en aumento. Seguramente en unos pocos años alguien
va a decir: "Acordaos de la época en que se pescaban
dorados en el río"
Creo seriamente que las autoridades deben tomar cartas en el tema,
prohibir la matanza indiscriminada de peces y cuidar un recurso
que puede dar trabajo a la comunidad y promover el turismo con
los mayores cuidados del medio ambiente, sobre todo con pescadores
que buscan nuevos destinos para la pesca de dorados con mosca.
La pesca con redes y trasmallo, sin importar lugares, variedades
y tamaños la no devolución viva de piezas deportivas,
además de otras practicas comerciales en temporada de veda,
atentan contra el futuro de la existencia de un deportivo y fantástico
pez que no en vano se ha ganado el nombre de "Tigre del Paraná".
Una vez más mi agradecimiento a Balta, Juan, Alejandro
y Ezequiel por los buenos momentos vividos.
Daniel Beilinson
Noviembre del 2002.-
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