Viernes7/30/2010


Por: Daniel Beilinson

 

Desde hace tiempo imaginaba que algún día iría a Salta para pescar los espectaculares dorados del río Bermejo. Como pasa con muchos proyectos, y a pesar del interés que uno le pone a las cosas, ellas se dan de una manera diferente. El proyecto del Bermejo no se dio y mi amigo Baltasar Saravia, salteño y encargado de armarme algún programa en la zona, me invitó a pasar un par de días en el campo de un primo por el que pasan 18 kilómetros del río Juramento, justo aguas abajo del dique El Tunal.

El viernes 8 de noviembre del 2002 partí rumbo a Salta en un vuelo muy temprano, fue un placentero viaje de dos horas de duración. Cuando desembarqué ya Balta estaba esperándome. Cargamos los elementos necesarios en una 4 x 4 que conducía Juan (primo de Balta) y partimos con otros dos compañeros de viaje, Alejandro y Ezequiel, rumbo a la Finca San Rafael a la cual llegamos al medio día. No voy a detallar toda la atención recibida ni la calidad de mis anfitriones, pero la resumo: excelente. Tanto por su cordialidad, simpatía y muy buena disposición, como paciencia que me han tenido pues era ¡El único pescador con mosca!

Foto: Daniel Beillinson

Daniel Beillinson y un Dorado

Todos estaban pendientes de cómo me sentiría y además como me iría pescando con mosca, ya que por lo general al dorado en Salta se le pesca con ¡Carnada viva!
Ese mismo viernes, luego de almorzar me acerque al río que queda a unos 150 metros de la casa. El río Juramento tiene un buen caudal de agua que se mantiene más o menos constante por la regulación de las compuertas del dique El Tunal. Ese día el río estaba bastante claro, con agua verde oliva, el fondo en sus márgenes se veía de arena y piedra, de un lado hay barrancos de hasta 2 metros de altura y en otras partes el río se ensancha dejando buenas zonas para acceder fácilmente y vadearlo. El día era muy caluroso y muy ventoso, más de lo normal. Me llamo la atención que habían otros pescadores en la margen opuesta del río pescando con carnada, y un grupo de tres lugareños metidos en el agua hasta la cintura que tiraban sus redes para pescar lo que sea. El río no es muy ancho, en algunos lugares puede tener 30 ó 40 metros y en otros 15 metros, por lo tanto estos pescadores arrasaban lo que podían mientras la profundidad se lo permitía. A pesar de la impotencia y malestar que esa situación me causaba, busque un lugar que parecía apropiado para comenzar a castear o lanzar. Había una zona con varios troncos caídos, corriente y algunos remolinos, y se formaba un codo donde el río se angostaba. Los sábalos estaban muy activos y se los veía por todas partes. Nota del Editor: no debemos confundir con sábalos o tarpon de agua salada Megalops Atlanticus, el autor se refiere a otra especie de agua dulce en Sudamérica.

El equipo de pesca que lleve era una caña Sage SP + de tres tramos nº 8, reel Bonefish Billy Pate y unas moscas atadas en anzuelo Owner 3/0, típicas para dorado, lastradas, con cabeza muddler en colores negro, negro y naranja y negro con amarillo todas con algo de flashabú. Durante la primera hora no tuve ningún pique y me fui moviendo a nuevos lugares siempre desde el barranco y casteando a la zona de los troncos.

Mientras traía la mosca medio sumergida vi el destello de un pez que rápidamente salió de las profundidades y atacó la mosca con suma decisión, clave y el dorado comenzó a dar saltos y a colocarse en la corriente buscando profundidad. Luego de unos minutos de pelea lo acerque a la costa, como estaba en el barranco busque una manera de acercarme al agua y poder tomar el leader para levantar el dorado. Tuve tanta mala suerte que justo cuando tenía el leader en mi mano me resbale y en el intento de no caer al agua hice un movimiento que resulto en la rotura de mi caña. Por suerte (a pesar de la mala suerte) siempre llevo una segunda caña que en este caso resulto ser una Sage RPLXi. Una vez que le saque el anzuelo al dorado, que resulto tener algo más de 3.5 kilos, volví a la casa para cambiar de caña. Cuando volví al río, otros pescadores estaban tirando sus redes. Busque nuevos lugares para castear y al cabo de una media hora otro dorado muy lindo me tomó con fuerza y decisión la mosca, dio un par de saltos y se soltó. Luego no tuve más piques por el resto del día.

Por la noche asado, vino y charlas muy interesantes sobre la zona, los cultivos, los vinos de altura y obviamente la pesca. A la mañana siguiente partí nuevamente a pescar a las 6:30 AM, cuando llegue al río dos pescadores ya se me habían adelantado, pero por suerte no tenían redes. Yo insistí con mi objetivo de pescar algún gran dorado en el Juramento. No tuve suerte, solo un buen pique que no logro engancharse y nada más. De todas maneras ese día lo habíamos destinado para ir a otra finca cerca de la Reserva Nacional El Rey. En esa otra finca cruza un río que se llama "El Dorado", que tiene un difícil acceso y en donde según me dijeron se pesca dorados muy bien. Después de hacer un largo viaje, parando en J.V. González para hacer unos tramites y comprar unos sándwich, pasamos por la localidad de Las Lajitas y llegamos a la finca que tiene 23,000 Has. Abrimos y cerramos como una docena de tranqueras, al fin llegamos cerca del mediodía al río. La finca esta ubicada en una zona de sierra, con mucha vegetación, hacía mucho calor, humedad y me comentaron que cuando llueve es imposible pasar. Tuvimos que llegar hasta el río aguas abajo de la zona que es más productiva para la pesca, porque el camino para subir aguas arriba y pescar en los "cajones" estaba destruido por anteriores cortes de agua de lluvia (en la temporada de lluvias de diciembre a marzo llueven unos 1,200 mm). Según me comentaron, en esa finca existen lugares inexplorados, tucanes, monos, ruinas jesuíticas, antas (tapires), jaguares y una inmensa variedad de pájaros, reptiles, mamíferos e insectos y sobre todo ¡mosquitos! ¡muchos mosquitos! Aguas arriba del río El Dorado es zona donde desova el dorado. Cuando llegamos al río me impresionó su color y paisaje, era como estar en algún río del sur, aguas muy claras, bastante transparentes y verdosas, con fondo de arena blanca y canto rodado, playas de arena, grandes árboles que cubren varios trechos del río que tiene un ancho de entre 6 y 10 metros, en algunos lugares el río es muy profundo, en otros se ensancha y se puede pasar de un lado al otro vadeando sin ningún problema. La impresión que tenía era como estar en el Parque Nacional Los Alerces "tropical". La temperatura del agua tibia (supongo que 24° ó 25º C) y se veían muchos sábalos y bogas, muchos de ellos en grandes cardúmenes. En cuanto llegamos a la margen del río, luego de armar mi caña, comencé a hacer unos tiros muy cortos frente a donde estábamos organizando nuestros bolsos y sándwich. En el tercer o cuarto casteo un dorado emergió del fondo y tomo con decisión la mosca.

Lo clave muy bien y comenzó a dar unos saltos espectaculares (lastima que yo era el único que llevaba una cámara fotográfica y la tenía en la mochila). Todo un espectáculo que dejo a mis compañeros con la boca abierta, hasta que logre acercarlo a la costa y sacarlo del agua.

Era un lindísimo dorado bien formado de unos 3.5 kilos. A partir de allí y hasta las 4:00 PM tuve una gran cantidad de piques y un par más de dorados pescados coronaron el día. Los mosquitos hicieron estragos en todos nosotros y a partir de las 4:00 PM los dorados, como llamados por alguien, no tomaron más las moscas. Esa noche regresamos tarde a la finca muy cansados, pero un chivito a la parrilla nos estaba esperando, y yo tenía que hacer honor a mi promesa de que lo asaría para todos. A las 12:00 de la noche cenamos el chivito que salió espectacular, y bebimos un excelente y delicioso vino de altura salteño de 15.6% que se llama San Pedro de Yaco Chuya. Esa noche todos dormimos muy bien.
A la mañana siguiente, ultimo día de visita, salí muy temprano al Juramento para probar suerte. El río estaba muy turbio y no tuve ningún pique, cabe mencionar que el sábado (el día que fuimos a El Dorado) unos franceses, con autorización del dueño de la finca, estuvieron pescando con mosca y sacaron 4 dorados, uno de ellos de 8 Kilos.
Por la mañana del domingo y para probar en otra zona del Juramento fuimos con la 4 x 4 hasta el nacimiento, aguas abajo del dique El Tunal, pero había tantos pescadores y estaba tan poco cuidado el lugar que resolvimos volver a la finca. Allí seguí probando en varios lugares del río, vadeando y desde los barrancos pero los dorados no aparecieron.
Luego del almuerzo y una larga sobremesa donde no falto el buen vino, regresamos a la ciudad de Salta para que pudiera tomar mi vuelo de regreso a Buenos Aires.
Quedamos en organizar una expedición al río "El Dorado" de varios días en el mes de abril próximo y conocer los productivos cajones, y tal vez, organizar de ahí en más programas de pesca de aventura fuera de la temporada de lluvias.

Por otra parte mi preocupación, compartida con mis compañeros de viaje sobre la falta de cuidado en el río Juramento, fue en aumento. Seguramente en unos pocos años alguien va a decir: "Acordaos de la época en que se pescaban dorados en el río"
Creo seriamente que las autoridades deben tomar cartas en el tema, prohibir la matanza indiscriminada de peces y cuidar un recurso que puede dar trabajo a la comunidad y promover el turismo con los mayores cuidados del medio ambiente, sobre todo con pescadores que buscan nuevos destinos para la pesca de dorados con mosca.

La pesca con redes y trasmallo, sin importar lugares, variedades y tamaños la no devolución viva de piezas deportivas, además de otras practicas comerciales en temporada de veda, atentan contra el futuro de la existencia de un deportivo y fantástico pez que no en vano se ha ganado el nombre de "Tigre del Paraná". Una vez más mi agradecimiento a Balta, Juan, Alejandro y Ezequiel por los buenos momentos vividos.

Daniel Beilinson
Noviembre del 2002.-

 

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