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Por: Pablo Saracco
| Los salmónidos fueron introducidos en Argentina
a principios del siglo XX, a través de ovas fecundadas
provenientes del hemisferio norte. El éxito de
esta iniciativa llevada a cabo por el pionero Francisco
Pascacio Moreno, se extendió por casi todo el territorio
argentino, con un nivel de adaptación a los distintos
ambientes y climas, realmente excelente. Los intentos
de siembra fueron realizados con diversas especies de
truchas y salmones, de los cuales sólo algunas
prosperaron, como la trucha arco iris, la trucha marrón
( Trucha café), la trucha de arroyo o fontinalis,
el salmo salar sebago (Landlocked Salmon)), la trucha
de lago, la steelhead, la sea-run brown trout, y la variedad
de salmón chinook, que ingresa desde el océano
Pacífico (Chile) por el río Corcovado, hasta
la provincia de Chubut. |
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De todos los ambientes que albergan salmónidos, la
Patagonia, tierra de aventuras, de carácter indómito
y salvaje, es la región argentina en la que mejor se
han desarrollado. Consecuentemente uno de los destinos más
famosos y soñados por los pescadores de mosca de todo
el mundo . El curso de agua más legendario y mítico,
es sin dudas el río Chimeuín, en la provincia
de Neuquén. Aquí comenzó a forjarse la
historia de nuestra pesca con mosca, allá por la década
del ´50, de la mano de soberbios pescadores y mejores
casters, como por ejemplo: José “Bebe”
Anchorena y Jorge Donovan entre otros, asiduos visitantes
y conocedores de este magnífico río. Para dar
un ejemplo de lo que ha rendido históricamente el Chimehuín,
bastan algunas imágenes de la época, que documentan
lo fabulosa que era la pesca por esos días, y la frase
de un maestro pescador norteamericano como Joe Brooks que
dijo luego de su primera experiencia en el Chimehuín:
“....En dos horas de pesca he batido todos los récords
de mi carrera...”
En la actualidad, este río, a pesar de no brillar como
antaño sigue ofreciendo una pesca de excepción
a quienes lo visitan. Pero toda la Patagonia guarda en su
seno miles de ambientes, entre arroyos, ríos y lagos
que nos harán gozar con nuestro deporte favorito y
con la imponente belleza natural que los rodea.
Otros ambientes mundialmente reconocidos son el río
Limay, el río Aluminé, el río Collón
Cura, el río Malleo, el lago Trafúl, el lago
Nahuel Huapi y el lago Correntoso, en la provincia de Neuquen,
el río Rivadavia, en la provincia de Chubut; el río
Gallegos, en la provincia de Santa Cruz y el río Grande
en Tierra del Fuego con sus descomunales sea brown trout,
por mencionar algunos.
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La reglamentación actual en
la Patagonia Argentina indica que la pesca debe realizarse
con cebos artificiales (Moscas o señuelos) sin
excepción de ambientes, y en la mayoría
de ellos es obligatorio el “Catch and release”
de todas las capturas realizadas. Los equipamientos
utilizados en fly casting, varían según
los distintos ambientes y las especies que busquemos,
pero podemos llegar a aconsejar como término
medio un equipo de caña y reel (Carrete) para
línea #5 ó #6, con una línea WF
flotante (Floating), y su equivalente de hundimiento.
Hay muchos ríos y arroyos dónde es posible
pescar muy buenos ejemplares de trucha de tamaño
promedio cercano al kilogramo de peso, en ellos sería
más adecuado el uso de un equipo para líneas
#3 ó #4, con el fin de jerarquizar las capturas;
y en el extremo opuesto, por citar un ejemplo, la pesca
de sea brown trout en el río Grande, dónde
es común atrapar colosos de 10 ú 11 Kg.
al igual que el fuerte viento cordillerano, es entonces
que lo necesario para afrontar adecuadamente esas condiciones
de pesca, no puede ser menos que un equipo #8 ó
#9. |
Las moscas que desde siempre han dado resultados satisfactorios
y que se pueden recomendar como efectivas, pueden ser ninfas
como la: Hare´s Ear, Prince, March Brown, Pheasant Tail,
Green Caddis Larva, Lafontaine Sparkle Pupa, Kaufmann Stone,
Montana Stone, etc., en tamaños de anzuelo del #18
al #6, según el insecto a imitar. Con respecto a las
moscas secas podemos citar a la: Adams, Royal Wulf, Elk Wing
Caddis, Black Gnat, Stimulator, etc., en números #20
al #12. Por el lado de los streamers, a la famosa: Wooly Bugger,
Marabou Muddlers, Mickey Finn, Sonkers, etc., en anzuelos
#4 al #1. Por supuesto que hemos dejado de lado muchísimos
modelos también muy efectivos, incluyendo aquellos
que imitan organismos terrestres como saltamontes, escarabajos,
hormigas y pequeños ratones de campo, éstos
últimos muy apreciados por las grandes truchas marrones,
que acechan en las horas del crepúsculo bien pegadas
a las orillas.
Las moscas mencionadas anteriormente imitan insectos que abundan
en nuestros ríos y lagos y que son bien conocidos en
el hemisferio norte, tal es el caso de las: Efemerópteras
(Mayfly), los tricópteros (Caddisfly), los plecópteros
(Stonefly) y las odonatas (Dragonfly y Damselfly). Es común
ver durante el transcurso de un día, copiosas eclosiones
de dichos insectos que alborotan a las truchas, las que en
su afán de alimentarse, producen salpicaduras y ondulaciones
frenéticas compitiendo por los indefensos invertebrados.
Son éstos momentos, los que ponen en ebullición
nuestra sangre de pescador logrando que nos tiemblen las piernas,
al mismo tiempo que nuestros dedos no responden a las órdenes
del cerebro, cuando queremos atar la mosca al tippet.
La
temporada de pesca comienza a mediados de noviembre,
con la apertura para la pesca, de todos los ambientes
patagónicos, y finaliza en abril o mayo con algunas
excepciones. Durante esos meses, es cuando nosotros
los pescadores de mosca, trataremos de hacer realidad
los sueños que fueron acunándose durante
el invierno, o para volver en busca de “Aquella
grande” que nos cortó a último momento
el año pasado. Meses de aventuras, de largos
viajes por interminables rutas patagónicas rodeadas
de belleza natural hasta dónde alcanza la vista,
de aromas, de flores, de matices verdes y azulados,
de amigos y de pesca |
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Algo que siempre me
ha gustado, es acampar a la vera de algún remoto río
cordillerano sin nadie a la vista en kilómetros a la
redonda, y sin tener que pagar por ello. Algo que aún
hoy es posible lograr en el sur argentino; y compartir historias
de fogón con los amigos más queridos, practicar
nuestro deporte favorito hasta el agotamiento y dormirnos
con un cielo tapizado de estrellas como techo. Con el arrullo
del eterno fluir de las aguas que se escurren presurosas en
busca de su lejano destino final, el mar. Quienes han transitado
estas latitudes en busca de emociones sin duda alguna que
las han conseguido, y hoy en día han quedado plasmadas
en apasionantes anécdotas impresas a fuego en nuestra
memoria. Estoy seguro de que aquél que visite este
paraíso natural por primera vez, quedará fascinado
por la magia y la mística escondidas debajo de cada
piedra, detrás de cada árbol, en lo alto de
las montañas, bajo las cristalinas aguas, en el susurro
del viento, en los rostros de los nativos, y cuando se tenga
que ir, cuando regrese a su tierra de origen, se llevará
algo de ésa magia en su corazón. Cuando eso
suceda, la Patagonia lo habrá “Atrapado”
para siempre.

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